viernes, 9 de julio de 2010

El doble


Al final fue como él me lo anticipó: iba a entender todo…

Me habló durante una hora y hubo algunas ideas que comprendí y otras, muchas otras que no pude siquiera imaginarme de que hablaba.

También, debo decir, había cosas que ni él las pudo explicar, sólo repetía conjeturas e hipótesis tejidas a lo largo de siglos –o milenios- por algunos pocos elegidos.

El “desdoblamiento” o como él lo llamaba al fenómeno: “generación del doble” era una de las cosas que me contó.

Aparentemente, en algunas pocas personas, dicen que menos del diez por ciento de la población, se verificaba una cualidad, un don: la capacidad de desdoblarse, de duplicarse sin siquiera notarlo.

En estos sujetos, el cerebro –o al menos una de sus áreas- tal vez en la arquicorteza cerebral, esa zona poco explorada que se ocupa del llamado instinto de supervivencia, las reacciones automáticas y los procesos que no ocupan la atención pero que constantemente están en actividad, como respirar, metabolizar los alimentos, el crecimiento del pelo, generaba un doble de cada uno de ellos.

Cuando alguien de este grupo de dotados se movía más rápido que la velocidad natural de caminar o correr, se producía una imagen astral de ellos, tal vez una emisión ectoplasmática que los representaba.

Esa imagen era como una proyección exacta de cómo estaban en ese momento, se reproducía edad, ropa, peinados… todo… si por algún azar pudieran verse pensarían que se habían topado frente a un espejo.

Había rumores acerca de que el doble también tenía actividad intelectual, sufría, recordaba, amaba, era una copia completa y total de su fuente humana.

Mi interlocutor me previno,  nunca se podía dar la posibilidad de la visión del doble, ya que él se adelantaba a nuestro destino de viaje y a medida que llegaba al lugar que habíamos decidido ir, se empezaba a desvanecer, a mezclarse en la gente y disolverse.

A veces alguien creía ver el momento exacto en que el doble se atenuaba hasta desaparecer, pero enseguida se convencía de que se trataba de un efecto de las luces o un mareo temporal o cualquier otra cosa.

En un momento él se puso serio y siguió hablando:

-         El problema es que a veces el doble no quiere desaparecer –
-         ¿cómo es eso? – Pregunté Yo
-         ¿Quién puede saberlo?, una mutación dentro de otra mutación, un pequeño cambio en las potencialidades que tiene este don, tal vez la evolución o tal vez algo que todos pueden pero sólo se ejecuta en esos casos.

Yo no dejaba de sorprenderme por la cantidad de descubrimientos que estaba haciendo esa mañana, en un momento pensé que estaba frente a un loco o un mitómano, pero algo en sus gestos, en su miraba, me inspiraba confianza.

Fue en el mismo instante en que me miró en el subte que supe que algo distinto había en este hombre, se acercó a mi y me dijo si tenía un momento para comentarme algo.

Normalmente le hubiera dicho que no tenía tiempo, pero ya les dije, algo me condujo a decirle que sí, que tenía tiempo…. Nos sentamos en un banco alejado del bullicio de la gente y me empezó a contar toda la historia, no cualquier historia, sino la historia del doble.

-         ¿y cuál es el problema de que el doble continúe su existencia? Le pregunté con curiosidad
-         Con el tiempo colapsan, se vuelven violentos, hay que desactivarlos… se vuelven un grave peligro para su fuente, intentan buscarla para eliminarla y quedar ellos…
-         ¿y si eso ocurre qué pasa? Dije mirándolo a los ojos
-         En principio es difícil que ocurra, la persona original frente a la cercanía de su doble, se siente mal, se descompone y generalmente logra alejarse, pero en aquellos pequeños casos en que se ha producido un encuentro, ocurre una gran liberación de energía que suele traer desastres, choques, descarrilamientos y ha habido casos de pequeños sismos, todos originados en estos encuentros.

Lo miré nervioso y él consultó su reloj con cierta preocupación.

-         ¿y qué se puede hacer para desactivar al doble?
-         La naturaleza es sabia, hay mecanismos naturales para desactivarlos, primero hay que hablar con ellos, tratar de ganarse su confianza –el doble no es naturalmente un ente maligno, es sólo otra forma de la existencia- y sugerirle que haga tres cosas, nada más que tres cosas simples…

En ese momento me di cuenta de todo, tomé conciencia de mi situación y miré resignado todo mi alrededor, pensé en mi casa, mi vida, recordé todo.

-         ¿Qué debo hacer? Dije con tristeza
-         Gracias por entender todo, gracias… tiene que cerrar los ojos, pensar que está mordiendo un limón hasta que el cerebro ordene a las glándulas que segreguen saliva y en ese momento apretarse el lóbulo de la oreja derecha…. Nada más..

Mecánicamente empecé el procedimiento…. Al principio no sentí nada raro, pero enseguida creí que empezaba a perder consistencia, como si flotara sin moverme… abrí los ojos y ví que me miraba con tristeza, se acercó y me dijo: “Gracias…tal vez haya otra vida en que todo sea diferente…”

Al lado nuestro y antes de que desapareciera, ví como una señora de unos cuarenta años miraba incrédula hacia el lugar que rápidamente estaba abandonando.

Esa noche, ella contaría en su casa que en el subte la había bajado la presión…

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Un pequeño y burdo homenaje a "Ruinas Circulares" de J.L.Borges

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