domingo, 30 de agosto de 2009

La Vergüenza... un sentimiento universal

Nuevamente Esteban miro el monitor, estaba medio dormido pero al menos estaba sólo, Estela seguía dormida, era su novia, bella pero entrometida que siempre se interponía cuando él se dedicaba a sus intereses.


¿Y cuales eran sus intereses?


Pues tenía muchos y entre todos ellos sobresalía sus ansias de encontrar vida extraterrestre.


Había instalado el buscador gratuito del SETI, y todas las noches se pasaba horas mirándolo, esperando ese increíble momento en que el programa detectara una señal de las estrellas.


Esteban canjeaba horas de su descanso para estar en vela esperando y esperando.


Sus amigos ya le habían dicho que ese buscador era una pérdida de tiempo, que estaba funcionando desde hacía años y nunca se había detectado ni una señal, su mejor amigo el Turco, que era un modelo de escepticismo le decía: “Otro más a la lista de incautos del SETI”

Unioolev se inclinó sobre el panel de control, miró con sus extensiones oculares posteriores y se tranquilizó, no había nadie alrededor del laboratorio, ni siquiera la bella pero entrometida Yymaalab que siempre estaba dando vueltas buscándolo, distrayéndolo de sus intereses.


¿Y cuales eran sus intereses?


Pues tenía muchos y entre todos ellos sobresalía sus ansias de encontrar vida extranyhyveliana.


Estaba a cargo del turno nocturno del Laboratorio Eloonubii, el más prestigio de todo el hemisferio norte de Nyhyvelin en la búsqueda de inteligencias foráneas.


El se empeñaba en enfocar el transmisor interestelar a ese planeta azul que giraba alrededor de Geelianee.


El Dr. Moubiee le había indicado que no gastara la preciosa energía radiante en ese planeta que ya había sido enfocado durante décadas hace varios miles de años y nunca hubo respuesta, Moubiee decía: “Otro más a la lista de deshabitados”

Esa noche ambos sintieron que el destino les tenía deparado un acontecimiento especial

A eso de las tres de la madrugada, la máquina emitió un “pip” distinto a los que siempre emitía, un cartel rojo avisaba de un contacto diferente a los demás.

A las dos cincuenta de la noche, Unioolev enfocó el transmisor hacia el planeta azul.


La señal viajó por toda la galaxia a una velocidad inconcebible, superior a la de la luz.

Esteban miró la pantalla y no podía creer lo que veía… en eso escuchó la voz de Estela que lo llamaba, por reflejo tiró del enchufe y desconectó la máquina

Unioolev veía como se consumían increíbles cantidades de energía radiante cuando escuchó la voz de Yymaalab que lo llamaba, por reflejo cortó el flujo de energía y desconectó el transmisor.

A la mañana Esteban prendió la máquina y puso el buscador, pero no había rastros de ninguna señal.


Sabía que si comunicaba su fugaz descubrimiento habría preguntas y más preguntas y él era por sobre todo una persona muy vergonzosa.


Esa tarde desinstaló el buscador del SETI.

A la mañana Unioolev encendió el transmisor pero no lo enfocó al cuadrante del planeta azul.


Sabía que si el Dr. Moubiee se enteraba lo regañaría y a él le daba vergüenza ser apercibido.


Nunca más se dedicó a buscar señales en ese planeta azul, se convenció de lo inútil de sus esfuerzos y dejó de prestarle atención.


Y así, La Tierra y Nyhyvelin nunca cruzaron sus destinos… y todo por culpa de de ese sentimiento que hace estragos en todo el Universo: La vergüenza.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gran verdad,! Cuantas cosas se pierden por la vergüenza.

Anónimo dijo...

Gran verdad,! Cuantas cosas se pierden por la vergüenza.

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