miércoles, 18 de marzo de 2009

Caída Libre (versión Americana)

Cuando llegó su instinto de comando, sus años en la selva camboyana y todo el entrenamiento recibido en Fort Braggs le plantaron una señal de alarma en su cerebro.

Como siempre antes de entrar sus ojos recorrieron el perímetro de su casa buscando enemigos y detectando amenazas, pero no, blanco despejado, respiró profundo y entró.

Estela, al verlo, rápidamente llevó su mano derecha hacia el pecho enganchando sus dedos pulgar y meñique, “tres”. era la señal de que había problemas con la niña, con Nancy.
- ¿Por qué llora? ¿Qué le pasa?
- Muela, abajo a la izquierda, infectada.
Dijo en su lacónico estilo de comunicación.

Roberto miró a Estela mientras rozó con la mano izquierda su pack de supervivencia que lo acompañaba desde Viet-Nam:

- ¿le damos morfina?
- Me parece que es demasiado, apenas tiene cuatro años.
caviló Estela, ella era experta en mordeduras de serpientes tropicales y nadie le ganaba en hacer torniquetes, pero en este caso no se podía. Recordaba esa noche de la ofensiva del Tet mientras patrullaba la ruta Ho Chi Minh cuando tuvo que amputar dos piernas y un brazo, todo sin anestesia, y ninguno de los marines lloró.

Ahora frente al llanto desconsolado de Nancy, se anotó revisar su elección de ese colegio dónde iban sus hijos, hace tiempo que ella sospechaba que ese director era un liberal traidor, había permitido que dieran clases profesores negros...

Roberto pregunto por los demás chicos, Estela respondió en su estilo seco, marcial:
- Rolo está en el polígono, practicando combate urbano y Mitch está vigilando el supermercadito de los chinos de la vuelta, me parecen un poco sospechosos…

Roberto asintió, el mismo había percibido miradas esquivas y comentarios en voz baja por parte de esos asiáticos (seguramente indocumentados) que atendían esa despensita cada vez que él entraba, se ve que les molestaba que la culata de la subametralladora se notara a través de su capa de lluvia (además de que en general no llovía y suele hacer buen tiempo).

Justo en el momento en que su mente comenzaba a explorar un plan de ataque a la despensa, se obligó a concentrarse en su problema con Nancy, ya habría tiempo para ajustar cuentas con esos malditos amarillos.

Se paró en el centro del comedor y con su voz acostumbrada al mando dijo:
- Estela, trae las armas y reuní a los chicos, vamos a tomar el Hospital, esta noche Nancy se va a curar de la muela y va a dejar de llorar…

Nancy lo miró y con la tranquilidad de la promesa de su Papá, se fue con él.

Roberto la abrazó y mirando la carita colorada de Nancy le empezó a cantar como cuando era recién nacida: “Armese mi Nancy… Armese mi amor… Armese con todo, el trotyl es mejor…” ella al rato se quedó profundamente dormida…

Roberto la acostó, sacó un rifle y se puso a alistarse en silencio.

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