sábado, 23 de mayo de 2009

El último turno


Otra vez sólo... y además en el vagón final del último turno.

Ese turno que por todos los medios trataba de evitar. No había una razón que pudiera esgrimir, por lo menos no una que pudiera decir en público sin sentir que estaba abriendo las puertas de la locura.

Trabajaba en la línea “A” de subtes, era el que controlaba las puertas y avisaba al conductor que se podía partir. Generalmente su puesto era en el último vagón, en la cabina de manejo que no se usaba, siempre estaba solo en ese cubículo de madera barnizada… en esa semioscuridad que se forma al final del túnel.

En el último turno, cerca de las 22.45, en el coche final nunca quedaba nadie porque en Primera Junta como la salida estaba adelante, todos se agrupaban en el primer coche.

El problema apareció desde hace un mes porque estaban arreglando el sistema de señales, por ese motivo al salir de Plaza Miserere la formación debía detenerse unos minutos para que se realizara el cambio.

Lo peor es que siempre se cortaba la luz de los vagones y todo quedaba en penumbras, apenas bañados por el sanguinolento fulgor de las luces rojas de emergencia.

Todo había comenzado hace una semana mientras esperaba silenciosamente que se liberara la vía, en uno de esos tiempos muertos comenzó a ver cosas... como bultos... unas sombras al final del túnel.

Esas sombras se movían en forma cadenciosa, parecían ser un grupo de personas... diez, veinte o más, no podía contarlas porque se confundían y mimetizaban con las paredes del túnel, sólo podía distinguir las cavidades de los ojos…

Esa primera vez que los vió, apenas pudo salir de su estupor, en el momento en que quiso ver más, el vagón comenzó a marchar y se alejó…

Al otro día, en los vestuarios peguntó:
- ¿Nadie notó nada raro a la salida de Miserere?
- Raro… ¿Cómo que? - le contestó un compañero. Al ver su cara de risa, se dio cuenta que cualquier cosa que agregara serviría solo para que lo tomaran como un miedoso o tal vez un loquito.
- Nada, me pareció ver una filtración de agua, nada importante…

Comprendió que ese era su secreto, su secreto de uso exclusivo. Esas cosas que vuelven en sueños y nos despiertan a la noche y que nos generan esa sensación de alivio al descubrir que todo ha pasado mientras dormía, que no son reales...

Al verlos tuvo miedo, el sabía de sus miedos y sus limitaciones, como aquella noche de finales de diciembre, cuando fue a ver el incendio de Cromagnon y con varios de sus amigos entraron para sacar algunos chicos que estaban desmayados …

Al principio no quería entrar en esa boca oscura que humeaba veneno… pero tomó valor y fue…

El solo había sacado a tres chicos… los dejó sobre la vereda en la playa de estacionamientos de los colectivos, cerca de una ambulancia del SAME. El nunca supo si habían logrado salvarse.

Durante mucho tiempo tuvo pesadillas con esa noche de diciembre y cada vez que se despertaba tenía que bañarse para intentar sacarse ese olor a humo negro y espeso que atravesaba el sueño y le golpeaba en su habitación.

En esa noche, había quedado exhausto, con los pulmones agarrotados por una flema espesa y pegajosa, tenía toda su ropa rota y manchada de una substancia negra, se le habían perdido sus documentos y el reloj, durante días tuvo las manos lastimadas y nunca pudo sacarse el recuerdo de los ojos llorosos de esos chicos…
...............................
Hoy era sábado, la formación salió de Miserere, ya eran las 22.44... el subte avanzó lentamente hasta llegar más o menos la calle ecuador, allí se detuvo por las obras de mantenimiento.

Como siempre, él estaba solo en su cabina. Empezó a tener miedo, sabía que se iba a cortar la luz y también sabía que esos cinco minutos serían una eternidad.

Lentamente las luces se fueron amortiguando, titilaron un poco y se apagaron por completo. El túnel quedó iluminado levemente, los sonidos se fueron aquietando a la espera de que se hiciera el cambio de las señales…

En ese momento El los empezó a ver, eran muchos bastante más que otras veces, ahora los vió claramente, eran un grupo de chicos, todos ennegrecidos de humo, caminaban hacia el vagón… avanzaban lentamente hacia su cabina… El quiso escapar pero sus músculos no le obedecían.

Estaba hipnotizado por el movimiento oscilante de los cuerpos… ellos se encontraban a unos metros del vagón… Él rezó para que el tren se moviera…pero no… estaba inmóvil como esperando que algo pasara…

Uno de esos seres se le acercó hasta qudar frente a la ventanilla… todo estaba en silencio…

El chico extendió su mano y le hizo un gesto como de darle algo… a pesar de que todo su cerebro le decía que no debía moverse El pasó el brazo por la ventanilla y tomó lo que le daban…

Al tomarlo sintió que era algo conocido, allí en la palma de su mano estaba su reloj, ese que había perdido la noche del incendio, estaba limpio y reluciente….

Los volvió a mirar a ellos y en ese momento por un instante los llegó a ver mejor, se habían despejado las sombras y vió que eran todos jóvenes, algunos muy chicos…

Uno de ellos lo miró a los ojos y le dijo:

- ¡ Gracias !

Y como si hubiera sido una señal, todos dieron media vuelta y se sumergieron en las sombras de los túneles.

El se quedó aferrado a su reloj y hubiera estado así por horas, pero repentinamente volvió la electricidad y nuevamente el subte retomó su movimiento rumbo a la estación Primera Junta.

Se colocó el reloj y lo puso en hora...nunca más los volvió a ver…

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